A N A M N E S I S

de Verónica Wiese / ABRIL 2017.

Una secuencia de escenas enigmáticas funciona a modo de disparador de una serie de percepciones ambiguas y de sensaciones a mitad de camino de la realidad y la fantasía, como si se tratase de recuerdos de experiencias aún no vividas o que escapan a toda posibilidad de remembranza. 

Verónica Wiese plantea en Anamnesis una mirada reflexiva al inexorable paso del tiempo, el acecho de la muerte y la cuestión mística del “otro mundo”. Su video-instalación conjura un espacio en el que la memoria, el olvido y la imaginación se disputan el papel protagónico. La huella mnémica, la expectativa, el deseo y el temor son invitados a ocupar dicho territorio y, al hacerlo, lo van modelando en el espejo de nuestra propia psique.

La etimología del concepto griego que da título a la muestra anuncia anticipadamente esta articulación de pasado, presente y futuro en las dos voces que une: “ana”, preposición que puede entenderse como arriba, sobre, encima, hasta, hacia, a través de, de vuelta, hacia atrás, de nuevo, nuevamente, y “mneme”, que se traduce como memoria aunque también remite al pensar, al recordar, a la mente, al ser consciente, etc. 

En su sentido actual, una anamnesis supone representar un recuerdo en la memoria. Verónica Wiese juega con ese sentido—o dirección—y le da un giro, imponiendo una trayectoria circular a la constelación de imágenes extrañas que su videoinstalación pone en marcha.

Cinco grandes monitores dispuestos en círculo constituyen el circuito para sus escenas. A través de esta configuración, la artista implementa un recorrido dinámico de la mirada y del cuerpo que nos solicita, en tanto audiencia, un involucramiento activo para seguir la secuencia visual dentro de esta arena. El lenguaje formal empleado, en cambio, apela a la contemplación mediante el uso de tomas cadenciosas, variaciones rítmicas, juegos compositivos, tonales y lumínicos que por momentos resultan hipnóticos. Por su parte, el trabajo fílmico y de edición apuesta por lo evocativo recurriendo a escenas que, aunque no están cifradas, no se revelan de inmediato ni totalmente y que solicitan nuestra capacidad de deducción e interpretación. 

¿Qué son estos escenarios vagamente familiares pero profundamente ajenos que se suceden en Anamnesis? No hay respuesta clara. Cautivantes e intrigantes, las imágenes de la artista son, a su modo, una suerte de invitación a un peculiar baile con nuestra propia memoria en el que no podemos evitar tropezar una y otra vez, pues el recuerdo que nos convoca está antes de la vida misma (en un estadio que coquetea con el océano primordial del útero materno) o después de ella (en esa antesala otrora llamada limbo).

La Anamnesis de Verónica Wiese es, a su modo, un intento por recorrer esa misteriosa frontera que demarca la diferencia entre la vida y la muerte. Una frontera que por momentos parece ser no una implacable línea divisoria sino un espacio potencial en el que los estados de la materia, de la conciencia y del espíritu están en permanente cambio.

Max Hernández Calvo